Esquinas / intersección 9

Se tropezaron doblando una esquina. 

Desde ese primer polvo de verano, no se habían vuelto a ver. Él, por aquel entonces, le juró que era su único amor y que nada ni nadie les separaría. Ella, para que no le olvidara, le colgó del cuello su cadenita de oro con su inicial. 

Al principio del encontronazo no se reconocieron. Llevaban prisa e iban pensando en cien cosas. Se disculparon al chocar y siguieron cada uno su camino. Cuando a los pocos segundos cayeron en la cuenta de con quién se habían tropezado, la ciudad se los había vuelto a tragar.

(Cuadro perteneciente a la exposición INTERSECCIONES)

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